
Homenaje
André Kertesz
Artículos, Fotografía
André Kertész fue un incomprendido en su tiempo y él lo sabía. A pesar de ser uno de los fotógrafos más premiados en vida a nivel internacional, murió convencido de que no haber recibido un reconocimiento acorde a su aportación a la fotografía moderna.
Es considerado el padre del “ensayo fotográfico” que no es sino una serie de imágenes que trabajan en conjunto para contar una historia, concepto absolutamente claro, entendible e institucionalizado hoy en día, pero que hasta principios de los años veinte no era una manera concebible de trabajar.
Siempre fue fiel a su credo: ¨Lo que siento, lo hago”.
Kertész, en parte por los sistemas fotográficos de la época, pero sobre todo por la clarividencia con que preconcebía sus imágenes, es un ejemplo de extremada paciencia. Todo debía estar en su correcto lugar para que la imagen aportara a la serie un significado preciso. Como algunos matizan, sus instantáneas contienen una capa de intimidad añadida, en comparación con las de su amigo Cartier-Bresson, que las hacen aún más accesibles siendo igual de estéticamente bellas.
En 1933 recibió el encargo de realizar una serie de imágenes para la revista erótica Sourire. Distorsiones es una serie de 200 fotografías de modelos desnudos en distintas poses frente a varios espejos no planos de circo. Autoinspiradas en unas fotografías suyas de veinte años antes de las que sólo se conserva Nadador bajo el agua (última imagen en este artículo), esta solución que “subraya lo extraño de la realidad, pero no lo falsifica”, es un claro ejemplo del elevado grado de conceptualización de los ensayos fotográficos de Kertész. Representa una visión estética muy vanguardista, manteniéndose en sintonía con su intención de ser “un eterno aficionado” de la fotografía.

























































































