Al principio

Iba viajando solo por una enorme autopista Californiana de México a los Ángeles en el camino lento del tráfico. Por aquel entonces, estaba buscando una historia o tema sobre el que realizar un cortometraje y me di cuenta que la mayoría de los conductores de la autopista también viajaban solos. Me imaginé que a vista de pájaro podríamos ser una metáfora de un río de gente solitaria fluyendo juntos intentando llegar a algún lugar, pero siguiendo solos, juntos pero solos. Esta imagen me pareció un buen punto de partida para una historia, pero era un poco cliché.

Durante esos días, un buen amigo estaba a punto de casarse con alguien con quien discutía todos los días. Su relación era tan tormentosa que hizo que me preguntara “¿Qué motiva a dos jóvenes a casarse, si claramente no pueden llevarse bien? Y ¿De donde nace la necesidad desesperada de conseguir el amor a toda costa?” – ¿A caso es el miedo a estar solo en el mundo? ¿Es el cansancio de lidiar con la vida a solas? Sabía que la razón era más compleja que todo esto. La curiosidad por entender qué impulsa esta necesidad en la gente hizo que empezara a escribir mi historia.

Y claro, entender lo que impulsa esta necesidad en la gente fue más difícil de lo que en un principio parecía. Como dice el dicho popular:“ los árboles no nos dejan ver el bosque” – y yo también he sido parte de las relaciones irracionales. Llegar a entender la necesidad ajena implicaría entender mi propia ceguera a la razón que mueve esta necesidad en mi. Para descifrar el anhelo que nos impulsa, tenía que entender por qué algunos de nosotros atravesamos países, abandonamos trayectorias y aceptamos malos trabajos, dejamos nuestra comunidad y a nuestras familias atrás – sólo para estar con esa persona. O incluso peor, a veces para estar con una persona que ni nos trata bien. ¿Qué nos conduce a tirarnos a las profundidades y tener esperanza una y otra vez por solo la posibilidad de llenar esa necesidad? Tenía que plasmar esa idea en el espacio y al alcance de un cortometraje.

Algunos directores de cine hacen películas porque quieren entretener. Y algunos, usan la narrativa para explorar aspectos de nuestra condición humana. Yo quería explorar lo que considero una de las necesidades emocionales más fuertes, más desesperantes y más compartidas de nuestras vidas. Sólo deseo tener una historia más larga para explorarla.

Mientras continuaba conduciendo al norte por ese río de coches entre pequeñas ciudades pensando en como empezar a contar mi historia, recordé que cuando era niño  solía quedarme hipnotizado con la continúa caída de calcetines en una secadora vieja. Había un misterio en su caída, ya que parecían venir de ningún sitio e ir a ningún sitio. Y, sin embargo, continuaban cayendo continuamente, al igual que caemos dentro y fuera del amor, una y otra vez. Recordé que por más que tratamos de evitarlo, con demasiada frecuencia perdemos un calcetín o dos y terminamos con calcetines desparejados. Y esto podrá parecer ridículo hasta cierto punto, pero la idea del peso de nuestra soledad y nuestra necesidad de conectar yuxtapuesta a la experiencia recurrente de hacer la colada, me pareció una metáfora perfecta.

 

¿Pero de dónde proviene esta necesidad?

Supongo que muchos de vosotros habéis soñado con la idea de que existe alguien especial para cada uno de nosotros, yo no soy inmune a eso. Lo podemos ver en numerosas películas, escuchar en numerosas canciones, en los libros, en el día de San Valentín, en las bodas, en nuestras diferentes culturas, y quizás, también en nuestro código genético.

Para aquellos que no creen en la idea de encontrar el “amor verdadero”, la decepción de dejar marchar ese sueño o, incluso, la decisión de no preocuparse por esa idea, son a la vez una lucha en contra de la dirección de la mayoría de la sociedad compartiendo ese viaje de la necesidad y el anhelo en la búsqueda de esa conexión. De hecho, es el viaje de necesidad que compartimos más a menudo, que el encuentro de esa conexión.

Por supuesto, nuestra relación con esta “necesidad” cambia con las distintas etapas de nuestra vida. Y para algunos, tiene un punto de vista más práctico y acaba convirtiéndose en la necesidad de encontrar únicamente una compañía. Pero la necesidad de compañerismo todavía nos impulsa.

 

“Buscando un ser verdadero que comparta mi forma de ver la vida”

Tal véz hay un conflicto de intereses. Cada uno de nosotros percibe y se conecta con el mundo a través de su experiencia y puntos de vista. Incluso los hermanos que crecen en similares circunstancias pueden ser muy diferentes.

Por eso, al mismo tiempo que crecemos para convertirnos en seres verdaderos y únicos, queremos también ser profundamente entendidos y reconocidos (pero sin tener que explicarnos). Y aunque a veces no podamos entender nuestras propias emociones, de alguna manera, anhelamos y, a veces, esperamos que alguien nos entienda al instante. ¿No es uno de los sentimientos más románticos – que alguien realmente “nos lleve”?

Como la preciosa canción de Nina Simone confesando la falta de perfección, llorando por la compresión y la aceptación canta: “Please…read…me. Please, read me” (Nina Simone – Please Read Me)

 

Nuestros tiempos

Pero ¿quiénes somos cuando estamos solos versus quiénes somos cuando estamos con nuestra pareja o nuestros amigos? ¿Somos independientes o somos un reflejo de los filtros de nuestro contexto, nuestra comunidad, nuestro círculo de amigos, nuestra ciudad, nuestra subcultura? Es esta realidad transitoria e indecisa entre nuestra necesidad de conectar mezclada con nuestro sentido de identidad, la que me interesa y la que impulsa mi exploración de esta historia.

Pero por supuesto, los tiempos han cambiado y las definiciones de conexión y relaciones hacen lo propio. Quizás estamos en una transición donde los códigos culturales no nos guían y nuestros corazones y nuestra lógica se esfuerzan por averiguar el camino. Esta necesidad está en un estado de cambio, pero todavía muy presente y, quizás, más vulnerable que antes. Será que el ser pareja, ya no nos define como persona, y que cada miembro de la misma se concentra en su propia vida. Nuestra auto definición es más independiente. Pero nuestra necesidad de conectar sigue viva, aunque sin pistas comunes para montar y ningún mapa que nos guíe.

Pero soy optimista, por eso hice “FALLING” como es. Puede que seamos personas muy diferentes en nuestro interior y, tal vez, nos centremos demasiado en nosotros mismos, pero todos estamos más o menos en la misma carretera y, también, en un atasco. Deberíamos parar un momento y saludarnos.

Falling Story